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martes, 22 octubre, 2019
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Pulse tercer aniversario: 'Recordando a Martín' y 'Tras las huellas de Michael Morales'

Por Myriam Silva-Warren y Carolina Salazar / CENTRO Tampa

LUTZ--“Me voy a morir, quiero que sepas que te amo”, le dijo Martín Benítez a Michael Morales, su pareja por tres años.

Mientras Morales, enfermero de profesión, le decía al oído “cállate que nos van a matar”.

Los dos estaban abrazados y tendidos en el suelo del club nocturno Pulse, en Orlando. Los dos escuchaban como indiscriminadamente alguien mataba a sangre fría a decenas de personas que estaban divirtiéndose.

Morales también luchaba por su vida, cuatro impactos lo habían alcanzado, tres de estos en su pierna izquierda y uno en la derecha.

‘Apliqué mis conocimientos como enfermero y manejé mi respiración”, dijo Morales con la voz entrecortada. “Martín estaba respirando duro, entró en shock, estaba agonizando. No lo sentí más y entendí que había muerto. Había dado su último respiro al lado mío”.

Morales continuó abrazado de Benítez hasta que llegaron por él…

“Martín murió a las 3:20, a mí me rescatan a las 3:40 y a las 4:00 a.m. llegué al hospital”, relató Morales a CENTRO Tampa. “No podían creer que seguía consciente tras el trauma”.

Casi un año después Morales intentaría regresar a su trabajo como enfermero en el Florida Hospital Tampa, tras batallar con las heridas que sufrió esa noche en la que, como él mismo dice, “el odio venció a 49 víctimas”. El puertorriqueño, de 35 años y oriundo de Mayagüez, se refiere a las 49 personas, en su mayoría latinos de la comunidad LGBT, que murieron el 12 de junio, durante el ataque en Pulse, entre ellas Benítez, de 33 años.

Recordó que los dos habían decidido viajar el 11 de junio a Orlando para compartir durante la tarde con una sobrina de Benítez que había viajado de Puerto Rico. Luego, en la noche, el plan de los dos fue pasar un rato por el club nocturno Pulse, donde se celebraba la noche latina.

“Habíamos ido antes solo unas dos veces a esa discoteca. Orlando nos quedaba muy lejos, y a mí personalmente nunca me ha gustado esa ciudad. Es muy sobrepoblada, hay mucho revolú”, expresó Morales, quien recuerda que llegaron a Pulse bien entrada la noche y al poco tiempo le dijo a Benítez que mejor se fueran del lugar porque se sentía cansado.

“Cuando le agarré la mano para empezar a caminar y salir de ahí se escucharon unos disparos y Martín me dice: ‘¿Qué es eso?’, yo le respondo: ‘Bebé esos son disparos, corre’”.

La pareja residía en un apartamento en Brandon cuando ocurrió la tragedia. Morales trabajaba como enfermero, Benítez, también puertorriqueño, estudiaba en el Sistema Universitario Ana G. Méndez y quería convertirse en técnico farmacéutico.

Morales recordó momentos importantes que vivió junto a Benítez, como cuando lo conoció en Puerto Rico, durante un “Karaoke Night” que se celebraba en un local comercial. Corría septiembre de 2013.

“Fue como amor a primera vista. Desde ese día no nos separamos nunca”, aseguró Morales.

Al preguntarle qué le atrajo de Benítez, no dudó en responder.

“Su físico, su sonrisa y una situación bien rara”, recordó Morales. “Yo estaba hablando de la persona que estaba cantado una canción bien triste y él, que estaba sentado al frente mío, volteó y me dijo: ‘¡Déjalo que canté lo que le dé la gana!’”.

La sinceridad y certeza con que le respondió Benítez le encantaron a Morales, quien afirmó que antes se había enamorado, pero nunca había tenido una relación como la que tenía con Benítez, “con ese click especial”.

La relación se fortalecía y los planes juntos comenzaban a convertirse en realidad. Morales sería el primero de los dos en salir de la isla en 2015 para encontrar un mejor futuro en el área de la Bahía de Tampa y, una vez establecido en el área, su novio se uniría a su nueva vida en Florida.

“Martín era bien alegre, le gustaba la música, me ayudaba bastante, era organizado y amaba a su familia”, dijo Morales. “Era de una familia fajona (trabajadora) que no se rinde. Ayudaba al prójimo, era muy amoroso…”.

Morales conoció a la familia de Benítez y todo fluyó de maravilla. Así que el enfermero encontró una oportunidad laboral en una unidad de cuidado progresivo, lo mismo que hacía en Puerto Rico y no quería desaprovechar tomar la oferta laboral en miras de una mejor vida en pareja.

“Y eso hicimos. Martín estaba tan contento y tan lleno de vida. Llevaba seis meses en Florida y estaba haciendo sus primeros cursos inglés y farmacia cuando lo mataron. Mi bebé era una persona tan buena, no merecía morir de la forma en que murió”, expresó Morales, quien luego de pasar 40 días hospitalizado se mudó a Lutz.

El puertorriqueño fue uno de los más de 60 heridos que dejó el ataque perpetrado por Omar Mateen, de 29 años, quien fue abatido a tiros por la policía. Mateen dijo actuar en nombre del Estado Islámico (EI) y estaba armado con un fusil de asalto y una pistola automática.

“Recibí cuatro disparos en las piernas, uno en la tibia derecha y tres en la pierna izquierda, me han hecho seis cirugías para poder caminar”, comentó el enfermero, quien dice que ahora que se dispone a retornar a su trabajo tiene sentimientos encontrados. “Estoy animado de regresar, pero a la vez asustado, porque no sé cómo me vaya a sentir. Tengo mucho miedo de que no pueda responder al tipo de trabajo al que estaba acostumbrado”.

Promesa cumplida

Casi un año después de haber sido gravemente herido, Morales reflexiona sobre su proceso de recuperación. Su doctor le había dicho que le tomaría por lo menos un año el poder volver a caminar.

“Pero yo le había hecho la promesa a Martín que, para su cumpleaños, el 27 de enero, iba a ir caminando a su tumba porque no pude darle su adiós. Cuando a él lo enterraron yo estaba en [cuidados] intensivos”, dijo el puertorriqueño, quien mucho antes de lo pensado logró cumplir su promesa.

“Tengo palabra y le prometí que no me iba a morir en una cama, en una silla, que mi vida no iba a ser así, que iba a recuperar mi movilidad porque si hubiese sido lo opuesto y Martín hubiera sobrevivido y yo hubiese muerto habría querido que él hiciera lo mismo”, expresó Morales.

Del hombre que por poco le quita la vida dice que solo sabe que se llama Omar y que nunca ha visto sus fotografías.

“Prefiero que se quede en el anonimato, porque fue un individuo que no vale nada para mí y no tengo que ponerle una cara o una figura. Sé que Dios ya se encargó de él”, afirmó Morales.

El enfermero aún camina con bastón, ha ido poco a poco ganando el peso que perdió durante su recuperación. A diario va al gimnasio, hace terapia en piscina y practica yoga.

Contó que es un hombre de pocos amigos, pero los pocos que tiene son muy cercanos. Recientemente una de sus hermanas se mudó desde la isla y vive cerca de él. Afirmó que cuando se mudó a Lutz dejo todo igual que cuando vivía con Benítez.

“Sus colonias, sus cosas en el sitio, su ropa en ganchos. Recientemente, finalmente doblé la ropa que tenía colgada en el closet”, dijo Morales.

“Prohibido olvidar”

El 12 de junio, cuando se cumple el primer aniversario de la tragedia de Pulse, ha sido declarado como el “Día Orlando Unido” por los gobiernos de la ciudad de Orlando y el condado de Orange, en colaboración con los propietarios del local donde ocurrió la masacre, que será convertido en un museo de recordación.

“Hace aproximadamente un año nuestra comunidad sufrió una tragedia irreparable. Sin embargo, el espíritu tenaz que nos caracteriza nos ha permitido sobreponernos y movernos hacia adelante”, comentó Luis Martínez, director de asuntos multiculturales para la Ciudad de Orlando, quien añadió que se llevarán a cabo varios eventos “que honrarán la vida de las 49 almas que perecieron en aquella trágica noche y servirán de consuelo y apoyo para los sobrevivientes y familiares”.

Morales planea viajar a Orlando con su familia y la de Benítez para participar de los eventos, a pesar de que dice que como sobreviviente no ha sido invitado a ningún acto.

“Se les olvidó que hubo todos estos heridos y solamente cuentan los 49 muertos. Pero como mi pareja fue uno de ellos, ha sido entonces, a través de la comunicación que mantengo con la familia de él que me he enterado de lo que se va a hacer ese día”, afirmó Morales.

Destacó que de esta tragedia conoció que a pesar de que hay “gente mala y dañina somos muchos más los buenos”. Morales sigue recibiendo mensajes y oraciones de apoyo no solo desde su Puerto Rico “desbordado en cariño”, sino desde todas partes y espera conocer a quien lo rescató ese día a las 3:40 a.m

“Durante los actos voy a contar mi historia, ojalá sepa quién me rescató y pueda darle un abrazo y decirle gracias”, aseguró Morales.

A él le gustaría que el mundo aprendiera tras esa masacre: “que tú tienes que medir a las personas por lo que aportan a la comunidad, no por si son homosexuales o no. Si tienes un problema con esa situación, es porque tienes un problema contigo mismo”.

Todos los días Morales recuerda a Benítez, su sonrisa y su espíritu luchador.

“Martín, mi bebé, amó hasta la muerte. No hay nada más lindo y fuerte que alguien te diga en su lecho de muerte que te ama. El amor prevaleció”, afirmó Morales, que en homenaje a su pareja se tatuó un refrán que Martín tenía en el cuerpo. Él se lo tatuó en el pecho.

“Si Dios me quita la vista es porque me ha dejado ver todo lo bello del mundo, tú”. Por

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Tras las huellas de un sobreviviente de Pulse

Por Myriam Silva-Warren

CENTRO Tampa

LUTZ - Todos los días 12 de cada mes, desde el fatídico atentado a la discoteca Pulse en Orlando en 2016, Michael Morales embellece su apartamento con flores amarillas, las favoritas de Martín Benítez, el amor de su vida.

Usualmente las flores amarillas Morales las sitúa al lado de una especie de urna de cristal donde Morales tiene el reloj y una manilla de Pandora que le perteneció a Benítez, joyas que llevaba puestas el día en que lo asesinaron.

Benítez falleció hace dos años a las 3:20 a.m. en el ataque perpetrado por el extremista Omar Mateen mientras Morales, quien había recibido cuatro disparos y luchaba por su vida, lo abrazaba.

Desde el atentado donde fallecieron 49 personas, Morales, quien sobrevivió en parte por sus conocimientos como enfermero profesional, ha enfrentado no solo el dolor de la partida de su pareja, sino que lo han sometido a nueve cirugías, la más reciente ocurrió el lunes en el Tampa General Hospital.

“Me operaron las dos piernas”, dijo Morales, de 36 años. “Aún me faltan tres cirugías más”.

Durante el ataque Morales fue alcanzado por cuatro impactos, tres de estos en su pierna izquierda y uno en la derecha. Las operaciones iniciales nunca quedaron bien, en muchas ocasiones camina con ayuda de un bastón.

“Entiendo que estaban atendiendo una emergencia y me salvaron, pero aún vivo con dolor constante. Mira mi pie y esta otra pierna”, dijo Morales a CENTRO Tampa mientras mostraba cómo los tendones y los músculos de sus piernas parecen tensionados y los dedos de sus pies se contraían.

La pierna izquierda Morales no la puede estirar bien, pese que asistió sagradamente a terapias y siguió todas las indicaciones médicas.

A dos años del suceso, Morales ha tenido que pasar por una serie de vicisitudes más allá del cuadro médico. Entre ellas, no se pudo reintegrar a su trabajo como enfermero en el Florida Hospital Tampa, aunque su intención era regresar.

“Yo quiero volver a trabajar. Siempre he trabajado desde adolescente. Fui a una entrevista en febrero de este año al hospital y les comuniqué que no podía estar de pie más de 30 minutos porque tengo dolores brutales en mis piernas y sugerí que podría comenzar con jornadas de menos horas”, dijo Morales, de origen puertorriqueño y quien también había sido enfermero en la isla.

Según Morales, su solicitud no fue escuchada y al poco tiempo recibió una carta que le notificaba que lo despedían del trabajo. Morales aclaró que no guarda resentimiento por la decisión que tomó su empleador.

Emocionalmente se sintió decaído y la esperanza de que se iba a hacer algo de justicia se desvaneció cuando el 30 de marzo, la viuda del atacante de Pulse, Noor Salman, fue hallada inocente de proporcionarle material a una organización terrorista e inocente de obstrucción a la justicia.

“Aquí cubren al malo y destruyen al bueno…el FBI tiene algo que ver porque su suegro era un informante”, dijo Morales. “Ella estaba tratando de escapar a California, todos los que la defendieron van a pagar, de la justicia de Dios no se salva nadie”.

Tras el juicio Morales y muchos de los familiares de las víctimas han expresado su indignación.

“Desde el juicio me han pasado mil cosas. Me botaron del trabajo, me quitaron el Seguro Social y el plan médico”, contó morales al momento de la entrevista.

“Todo ocurrió a principios de abril. Recibí esa noticia el jueves antes de mi cumpleaños”, agregó Morales.

Tras una serie de citas, incluido un viaje de nuevo al hospital donde estuvo por 40 días en Orlando, volvieron a darle un plan médico. Sin embargo, Morales se encuentra apelando al Seguro Social unos beneficios por incapacidad que le fueron retirados.

Morales aclaró que él fue una de las más de 350 personas que recibieron dinero de unos fondos para ayuda para las víctimas y familiares del atentado.

“A algunos les dieron 300 mil, otros 100 mil, otros 20,000. No te quiero decir cuánto recibí, pero si te puedo decir que he tenido que gastar medicinas y otros gastos médicos”, afirmó Morales.

Tras la última cirugía Morales estará de nuevo recluido a una silla de ruedas por varios meses y tendrá que volver a terapias para volver caminar. Hace poco abrió de nuevo su corazón y se está dando una segunda oportunidad, pero aún pasa noches recordando a Benítez a quien lo llama ‘Mi Santo Bebé”.

“De nuevo me levantaré como ya lo hice. Yo le prometí a Martin que iba a recuperar mi movilidad”, dijo Morales pensativo. “Tú sabes que yo soy de los que lucho hasta el final”.

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Actualmente Morales, quien cumplió 37 años, se recupera de una intervención quirúrgica realizada en su pierna izquierda. La cirugía duro 12 horas y aun le quedan dos cirugías más. Su sueño es volver a ejercer la profesión de enfermero en un futuro próximo.

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