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mi�rcoles, 26 junio, 2019
NOTICIAS LOCALES

Fallece legendaria figura del Círculo Cubano

 

TAMPA - Raúl Lavín, una de las figuras más representativas del Círculo Cubano de Tampa e ícono de una época que puso a Ybor City en la lista de las ciudades más importantes de la región, falleció el pasado 2 de junio debido a complicaciones derivadas de una caída, informó el diario Tampa Bay Times. Tenía 102 años de edad.

En el reportaje del Times se destacó el hecho de que Lavin, a los 19 años, se convirtió en el miembro más joven de la junta del Círculo Cubano, entidad de la que nunca más se separó.

Junto con su esposa, Dora Lavin, tuvieron dos hijos. Conversador y amiguero por naturaleza, Lavin dirigió durante 52 años Cosmo Truck Equipment, una empresa que armó carrocerías de camiones en Ybor City. Cada mañana en su camino al trabajo, solía detenerse en el icónico restaurante Columbia para tomar una taza de café y una rebanada de pan cubano tostado.

Para octubre de 1992, la comunidad local tuvo que recaudar dinero para salvar al Club Cubano de la subasta. En diciembre de ese año la Fundación del Club Cubano, una organización sin fines de lucro creada para proteger al Círculo y sus propiedades, eligió al Lavín como su presidente.

CENTRO Tampa entrevistó a Lavín cuando estaba próximo a cumplir 99 años de edad en su apartamento de Tampa donde vivía con total independencia. Durante la entrevista Lavín recordó en detalle algunos momentos de su vida y situaciones que lo marcaron por siempre, como el fallecimiento de Eladio Paula, el primer presidente electo del Círculo (1902-1908), y sus esfuerzos por sacar a su familia adelante desde los 16 años para ayudar en la economía del hogar tras una repentina enfermedad de su padre.

Lavín -tío abuelo de la actriz Camerón Díaz- nunca dejó de sentirse orgulloso de ser el miembro más antiguo del Círculo Cubano.

A continuación el reportaje publicado en nuestras páginas el 11 de junio del 2015:

La voz de la experiencia

 

Por Juan Carlos Chávez

CENTRO Tampa

TAMPA -- Era 1917 cuando Raúl Lavín nació en Ybor City durante una tarde del 18 de abril. Sus padres habían llegado de San Antonio de los Baños (Cuba), para trabajar en la industria tabacalera local.

“Nací en un período de cambios”, dijo Lavín, de 98 años, en una entrevista con CENTRO Tampa en su apartamento, al oeste de la Bahía de Tampa. “Los recuerdos que tengo son buenos y están en mi memoria. Mi familia era muy trabajadora y amiguera. Todos llegaban a la casa para visitarnos”.

Justo un año antes del nacimiento de Lavín un incendio había destruído totalmente el edificio que albergaba la antigua sede del Círculo Cubano de Tampa. Fue necesaria la construcción de un nuevo local en un terreno que, originalmente, había sido comprado por Vicente Martínez Ybor para instalar una fábrica de madera.

Lavín es el socio más antiguo del Círculo Cubano. Es también una de las pocas voces que puede narrar, con lujo de detalles, una época en la que Ybor brillaba por el empuje del tabaco pero que, a la vez, ya empezaba a experimentar tímidamente los primeros signos de desgaste.

Lavín recuerda a Ybor City como un centro urbano de largo aliento que atrajo proyectos e iniciativas de diverso tipo, como tiendas comerciales, hoteles, mansiones donde antes nadie daba un centavo y, por supuesto, clubes de ayuda mutua. Entre ellos el Círculo Cubano.

“La pasión que tenían los socios por el Círculo Cubano era increíble”, comentó Lavín. “Cuando era jovencito me gustaba ir constantemente. Tenían un gimnasio muy cómodo y te encontrabas con todos tus amigos. Siempre había algo qué hacer”.

Como otros clubes de inmigrantes que se establecieron en Ybor, el Círculo Cubano se consolidó en un punto obligado de reunión social y en promotor de servicios indispensables para las familias. Proveía asistencia médica y opciones de vivienda a través de las llamada Sociedad de Ayuda Mutua.

El padre de Lavín, don Luis, era familia de Eladio Paula, primer presidente electo (1902-1908) del legendario Círculo Cubano. Paula fue un líder por naturaleza que se mantuvo a la vanguardia de su época y sirvió de ejemplo a los cubanos de Ybor por el empuje de sus ideas.

En aquellos días, la industria del tabaco marcaba el termómetro de la ciudad y representaba importantes ingresos para las arcas del país. Lavín recuerda a Paula en sus últimos años.

“Cuando Paula murió de un cáncer a la garganta, si no me equivoco, mucha gente salió a despedirlo a las calles. Yo tendría unos seis años”, indicó Lavín. “También me acuerdo que la esposa de Paula, una mujer muy chiquita y conservadora, quemó el colchón de la cama que Paula había usado. Ahora entiendo por qué: en esa época la gente no sabía si el cáncer era contagioso”.

Lavín no terminó la escuela secundaria y tuvo que ponerse a trabajar a los 16 años para ayudar en la economía del hogar tras una repentina enfermedad de su padre.

“Me hubiese gustado ser médico”, dijo Lavín. “Pero después comencé a ganar buen dinero y la vida continuó porque me la buscaba. Disfrutaba de mi negocio de refrigeración”.

Las dificultades, sin embargo, no fueron obstáculo para el éxito personal de Lavín y su avance personal. De hecho, años después se consolidó como un empresario de éxito, contrajo matrimonio y tuvo dos hijos.

“Antes de que a mi padre le diera un stroke yo fui al colegio para aprender inglés. Tuve la suerte de tener tres hermanos mayores que ya dominaban el idioma, así que lo aprendí más rápido”, explicó Lavín. “Pero en mi casa, mis padres hablaban español. Mi madre era más guapa (desinhibida) para hablar inglés, aunque no sabía mucho”.

Lavín -tío abuelo de la actriz Camerón Díaz- se siente orgulloso de ser el miembro más antiguo del Círculo Cubano al tiempo que valora el hecho de ser apreciado por sus amigos y familiares.

“Los muchachos me quieren y respetan mucho”, dijo Lavín. “El año pasado, por ejemplo, estuve en el Festival de Gasparilla acompañando a los mambís (grupo cubanoamericano local), y todo el mundo se tomaba fotos conmigo. Quizá pensarían que no iba a durar mucho. Pero el viejo sigue aquí”.

Agregó que sus 98 años son el resultado de una vida que ha llevado con equilibrio.

“Nunca viví para comer sino que comí para vivir”, dijo Lavín. “Tampoco era un hombre de excesos y me gustaba trabajar. Realmente lo disfrutaba”.

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