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jueves, 14 diciembre, 2017
NOTICIAS LOCALES

Visionaria y luchadora

Por Euda Luisa Toural

Especial para CENTRO Tampa

TAMPA-- Para la realtor Zaida Giler la felicidad es una opción. No importan los golpes que la vida le haya dado. Ella siempre ha sacado las fuerzas suficientes para reinventarse.

Luego de estar ocho años dedicada a una escuela en Ecuador, en el 2001, una nueva etapa se abría con un matrimonio lleno de contradicciones y cuatro hijos que criar.

Giler había vivido en Estados Unidos anteriormente y veía la posibilidad del regreso al país del norte como una solución.

“Llegué tratando de escapar de mi matrimonio que no iba bien. Mi primer trabajo fue de cajera en Sam´s Club, para ese entonces ya tenía 40 años”, dijo Giler.

El inminente divorcio la hizo moverse a otros trabajos buscando una mejor economía para sus hijos luego de quedarse sola con ellos.

“Trabajé en St Joseph Hospital y luego me fui a hacer las cuentas en Alessi Bakery mientras limpiaba en las noches. Durante ese tiempo me diagnosticaron cáncer de útero”, recordó Giler, quien sobrevivió después de una compleja y delicada cirugía, a la que siguieron varios meses de reposo.

“Durante el reposo tuve mucho tiempo para pensar y una vez más me di cuenta de que hay que vivir hora a hora, día a día. No puedes atormentarte por lo que vendrá”, aseguró Giler. “Era tiempo de tomar decisiones sin perder la fe y la alegría”.

Giler ya había puesto el ojo en el negocio de bienes raíces, pero la falta de tiempo no le había permitido estudiarlo. Los meses de reposo sirvieron para ese empeño.

“Comencé como asistente de un amigo y cuando salí de la cama, saqué la licencia. Hace 15 años que me dedico por completo a este trabajo. Trato a mis clientes como familia y siempre me preocupo por su bienestar”, afirmó Giler.

La mayoría de los clientes de Giler son latinos, y aunque su inglés es perfecto, dice que siente “más en familia”.

Liliana Benevento, peruana de 42 años, vino desde Nueva York y decidió comprar casa hace cinco años en Tampa. Contrató a Giler y, desde entonces, son amigas.

“Zaida no es una realtor (agente de bienes raíces) cualquiera. Me buscó la casa perfecta como si fuera para ella, es mi amiga. Por su honestidad y trabajo duro, la admiro muchísimo”.

Giler se siente en la flor de la vida. Ha escogido la felicidad por opción y, según reveló, no hay nada que la haga cambiar su pensamiento.

Giler, de 56 años, fundó una de las escuelas más importantes de Ecuador. Fue comunicadora y aprendió carpintería antes de llegar de pleno al mercado de bienes raíces.

“He tenido que volver a empezar cada cierto tiempo, en medio de eso crie a mis cuatro hijos sola y hoy son todos adultos y profesionales con sus propias familias”, dijo Giler en una entrevista con CENTRO Tampa.

Su fortaleza y su espíritu la han convertido en la inspiración de sus hijos. Al menos eso piensa la psicoterapeuta, Ana Aluisy, de 34 años, quien es la mayor de los cuatro hijos de Giler.

“Mi mami es una persona extremadamente admirable. Mi primer héroe y modelo a seguir. Desde muy pequeña me di cuenta de que era una persona diferente, con una motivación interna, de las que muy poco se ven”, aseguró Aluisy. “Nunca se deja rendir por más difícil que sean las adversidades que tiene al frente. Por ello es una de mis motivaciones”.

Giler proviene de la aristocracia ecuatoriana. Su padre, Eduardo Alonso Izaguirre Vélez, fue alcalde de Portoviejo, en 1976. Fue también gobernador, ministro de Agricultura y Ganadería y ministro consejero de la Embajada del Ecuador en Bogotá (Colombia), durante la presidencia del ecuatoriano Osvaldo Hurtado Larrea.

“Mi padre fue para mí el mundo entero, era un intelectual que llevó a Portoviejo al siglo XX, allí se hizo el primer periódico digital a color del país”, contó Giler.

Nacida en Estados Unidos y criada en Manabí, una provincia de Ecuador, Giler siente que es un privilegio haber tenido la posibilidad de pertenecer a ambos mundos.

“Mi familia se remonta al 1700, Sir Francis Giler era el antepasado de mi exesposo y se casó con María Petrona de Del Barco y Vélez, que era el antepasado de mi padre. Imagínate: mi abuela era prima en tercer grado de la madre de mi suegra, Manabí era un pueblo pequeño”, dijo Giler, sonriendo.

Agregó que siente que ha tenido la buena suerte de haber combinado su vida con dos países muy diferentes. Eso le permitió vivir un panorama más amplio del mundo, afirmó Giler.

A su boda asistió el presidente Larrea. Siendo joven estudió Diseño y Decoración de interiores en Estados Unidos y su vida familiar, según contó, fue sin lujos, pero llena de comodidades. Sin embargo, el fallecimiento de su padre, en 1991, hizo que su historia cambiase drásticamente.

“Embarazada de mi primer hijo, tuve que asumir las riendas del negocio familiar. Era la mayor de seis hermanos y sentí esa responsabilidad. El día que mi padre murió, ese día se me acabó todo. Tenía yo 31 años”, afirmó Giler.

Al frente de una fábrica de procesamiento de madera y una pastelería semi industrial, Giler aprendió que “cuando la vida te da un golpe es cuando tienes que aceptar lo que no se puede cambiar y aprender a vivir con ello”.

Giler recordó ese cambio como una prueba de la vida.

“Mis fuerzas las saco de no pensar, lo que queda es mover el pie hacia delante, así que llegué con mi barriga a trabajar y, como era mujer, los trabajadores no me querían respetar… ahí aprendí a decir malas palabras”, contó Giler.

El momento requería conocimientos y valor. Giler, que no le tiene miedo a empezar de nuevo, compró una enciclopedia de carpintería y empezó a estudiar.

“Tenía que encontrar la forma de hablarle a los trabajadores y poner el negocio en marcha. Una vez no teníamos aire suficiente para secar un trabajo y me fui a la tienda y compré 20 secadoras de pelo y el trabajo salió, ellos se quedaron mudos”, dijo Giler.

Según la ecuatoriana, a ella es muy difícil borrarle la sonrisa del rostro. Con esa misma sonrisa tuvo que vender la fábrica cuando se dio cuenta de que no era rentable, aunque pronto se apresuró a comenzar un nuevo negocio y una nueva vida.

En 1995 fundó la Unidad Educativa Santo Tomás, con un préstamo de ocho millones de sucres (1 sucre equivale a 200 dólares al cambio) y luego de varios meses de estudio.

“Era difícil competir estaban las escuelas religiosas y las privadas, y me dije: ¡Miércoles! aquí tengo que entrar pateando la puerta, así que decidí instalar un sistema parecido al americano donde los estudiantes rotaran de aula para cada clase”, contó Giler. 

La Unidad Educativa Santo Tomás, fundada por Giler, todavía pertenece a su familia.

“Mi colegio fue el primero del país con aire acondicionado central, en dos años fuimos el colegio piloto de la reforma curricular del bachillerato. Recuerdo aquellos años con orgullo, pero yo no ganaba dinero y necesitaba ocuparme de mi vida”, comentó Giler.

Los obstáculos le han dejado satisfacciones como las que recibe ahora que el mercado de bienes raíces está de nuevo en apogeo.

Según reportó en septiembre el periódico Tampa Bay Times “el mercado de bienes raíces comerciales del área de la Bahía de Tampa está experimentando un auge a medida que la población y el crecimiento del empleo compensan cualquier preocupación que los minoristas, distribuidores y otros puedan tener sobre los aspectos menos atractivos del área”. El artículo aseveró que ni el paso de los huracanes dañó o desaceleró el mercado.

Giler dijo aquellos retos que le tocó superar le han servido para crecer interiormente y aprender a valorar cada momento.

“Mi secreto es que he aprendido de lo malo también; eso me ha permitido ser una mejor persona”, aseguró Giler. “Me gustaría que las personas aprendan a ser felices, no es tan difícil, solo tienes que escogerlo”.

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