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viernes, 20 octubre, 2017
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Todo sobre mi padre LEGADO. Don Juan, un hombre trabajador que hizo la diferencia y marcó el destino de su familia

RUSKIN--Al salir de misa de la iglesia católica de Santa Ana, en Ruskin, acompañado de su esposa y sus dos hijos menores, la vista de Juan Sánchez se detenía muchas veces en un local ubicado al otro de la calle, en 1110 N U.S. Hwy 41.

En ese tiempo los feligreses se congregaban en el antiguo santuario construido en 1956, el cual años después dio paso a una nueva edificación mucho más grande.

Sánchez nació en California. Su madre era estadounidense y su padre mexicano. Llegó a Florida para trabajar en la agricultura y conoció en una bodega empacadora del condado de Manatee a Marta “Tita” Sánchez, de Guatemala. Tuvieron dos hijos: Brenda y Juan Antonio Sánchez.

“Mi papá era bien cariñoso, trabajador, a pesar de que no tenía una educación formal porque él se tuvo que salir de la escuela para ayudar a su familia”, dijo Brenda Sánchez, de 43 años.

Su padre, Don Juan, murió el 30 de abril de 1994 en un accidente de tránsito en West Virginia. Tenía 44 años.

En 1996, doña Tita con el apoyo de sus hijos abrió el restaurante mexicano Casa Don Juan, precisamente en el mismo lugar en donde tantas veces su esposo decía que allí quedaría bien un negocio de este tipo. Se le puso al establecimiento su nombre para honrar su memoria.

Cerca de la caja registradora, cuelga en la pared una fotografía del amado esposo, padre y amigo.

Sanchéz recordó su niñez y los momentos más felices. Nació en Guatemala y sus padres la trajeron a Estados Unidos cuando era una bebé.

Contó que Don Juan fue un hombre muy religioso y que cuando no sabía pronunciar alguna palabra en español, le preguntaba a ella.

“Nosotros teníamos una conexión bien especial, era bien comunicativo conmigo. Él me daba sus consejos de padre y yo le ayudaba para salir adelante. En Matemáticas era un genio, siempre inventando algo, haciendo algo”, afirmó Sánchez.

Con el tiempo la familia Sánchez se mudó a Ruskin, era 1979. El área era solitaria y esto no le atrajo mucho a doña Tita. Sin embargo, escuchó a su esposo que según Brenda le dijo: “Tita, aquí vamos a comenzar a sembrar raíces; este es el centro, aquí podemos ir a Bradenton, aquí podemos ir a Tampa, aquí podemos ir a St. Pete o Brandon. Aquí estamos y todo está cerca, no te preocupes”.

Aseguró también que su padre logró obtener una certificación en soldadura y lo contrataron para que visitara plantas de energía en otros estados y su familia siempre lo acompañaba.

En Ruskin la familia se instaló en una casa pequeña y después compraron un lote. Don Juan le prometió a su amada Tita que con el tiempo le haría la casa más grande y se lo cumplió.

“Me acuerdo, sentada allí, cuando la casa todavía no estaba terminada; sentada allí con una cubeta y una tabla comiendo frijolitos, me acuerdo, pero ellos poco a poco los dos…”, agregó Sánchez.

Cuando ocurrió el accidente de tránsito, Don Juan había comenzado un nuevo empleo de conductor de tráiler. Sánchez explicó que al momento de la tragedia no iba él al volante, sino su entrenador.

Ella tenía 20 años y le preocupaba su hermano menor porque era un adolescente.

“Le pedía a Dios que le ayudara a mi hermano y que todo lo que le enseñó mi papá a mi hermano, que se le quedara”, dijo Sánchez.

Sus oraciones fueron escuchadas y dijo que su hermano, hoy de 38 años y a quien le dicen Tony, es un hombre, padre y trabajador ejemplar. Es padre de cinco hijos, entre ellos algunos a quienes ha criado o adoptado.

Don Juan les enseñó a sus hijos que si querían ropa nueva debían trabajar durante el verano para ahorrar y comprarla. Él mismo trabajó pizcando tomate.

“Nos hizo valorar que las cosas no vienen fácilmente; no vamos a ser servidos, sino que vamos a servir y en todos los aspectos”, afirmó Sánchez.

Ella también ha buscado un futuro mejor. Durante 16 años trabajó para la iglesia católica de Santa Ana en el área administrativa y en 2016 obtuvo el grado de asociado en Educación de Hillsborough Community College (HCC). Actualmente labora en el departamento de Servicios a Estudiantes de HCC, en el campus de South Shore y es gerente del restaurante familiar.

“Más que nada mi pasión es ayudar a la comunidad hispana en cualquier servicio que yo les pueda dar”, dijo Brenda. “Mi papá siempre nos enseñó a ver al prójimo, no importa sus apariencias, no importaba de donde viniera, con dinero o sin dinero; siempre respetar a los demás y ayudar”, aseguró Sánchez.

Daniel Alberto Tuchán, de 61 años, es de Guatemala y primo de los hermanos Sánchez. Acerca de Don Juan dijo: “Fue un hombre con un alma bien inmensa; un gran ser humano que se quitaba la camisa para dársela a otra persona”. Lo describió como un hombre tipo tejano, alto, pelo colocho (ondulado), piernas largas, ojos avellanados y de tez morena clara.

“Fue noble, carismático y si había que bailar bailaba, aunque no supiera bailar”, recordó Tuchán.

Su esposa, Evangelina “Evita” Tuchán, de 53 años, es de México y ha trabajado en el restaurante desde sus inicios junto con doña Tita en tareas de la cocina. Ha sido su confidente. “ Ellos significan bastante porque para mí representan la familia que tengo lejos”, dijo Evita.

Evita comentó que la especialidad del restaurante es el plato Don Juan y que lleva un poquito de todo lo que hay en el menú: enchiladas, tacos, sopa de frijoles, frijoles a la charra, ensalada, guacamole, pico de gallo, arroz, frijoles refritos, tostada, tamales y otros.

“El platillo es para una persona o para compartir”, agregó Evita sonriendo.

Brenda dijo que su madre, de 66 años, es una mujer fuerte. Se educó en Guatemala y emigró a Estados Unidos cuando tenía alrededor de 20 años. Se enamoró de Don Juan para siempre.

“Vio las virtudes de mi papá y mi papá vio lo bueno que mi mamá podía ofrecerle, entonces ellos dos, como cualquier pareja también no era perfecta, pero ellos dos pudieron construir usando sus virtudes de cada uno”, dijo Sánchez. “Mi mamá dice que no hay otro hombre como mi papá”.

Agregó que la fe les ha ayudado en los momentos difíciles. Lamenta, dijo, que su padre no haya conocido a sus tres nietos: Alexandria de 21 años, Gaby de 14 años y Diego de 11 años.

Sánchez mencionó que tienen otros dos hermanos del primer matrimonio de su papá.

“Físicamente lo miro en mis hermanos, espiritualmente lo llevo en mi corazón. Todas sus enseñanzas y todos sus ejemplos que nos dejó los llevo aquí adentro, bien presentes”, expresó Sánchez.

Sus padres son un gran ejemplo y aunque a doña Tita le tocó duro al quedar viuda, honraron al patriorca con el negocio familiar.

“Ninguna pareja es perfecta, pero ellos pudieron salir adelante y trabajar juntos en unión para su familia, para las metas que ellos tenían y cumplieron sus metas”, afirmó Sánchez. “Hicieron su casita, él estudio para sacar su certificado.Siempre apoyándose el uno al otro”.

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