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miércoles, 23 mayo, 2018
NOTICIAS LOCALES

Dulce ejemplo maternal

TAMPA  - Virginia Torres es la mayor de seis hermanos y, quizás por esa razón, siempre tuvo la responsabilidad de cuidar a los más pequeños cuando sus padres debían ausentarse de la casa, en San Juan, Puerto Rico. No solo eso.
Desde muy niña, a los 13 años, Torres tuvo que empezar a trabajar en una tienda de zapatos para ayudar a la familia. Pero cuando terminó la escuela, esa madurez y responsabilidad como alumna tuvo buenos resultados, ya que fue becada en la universidad para seguir estudios de Nutrición y Dietética.


Emprendedora de nacimiento, luchadora como pocas, Torres se estableció en la década del ochenta en Tampa junto con su esposo, Mario, y sus dos hijos menores. Años más tarde, en abril de 1992, decidió abrir su negocio de repostería, Cakes Plus Tampa, siguiendo la brújula de su propio instinto y una pasión por el arte de la decoración de tortas y pasteles de ocasión que ya la habían hecho famosa, o al menos muy popular, entre amigos y familiares cuando aún vivía con su familia en Puerto Rico.


Lo demás es la historia de una esposa, madre de familia y abuela de cinco nietos que superó expectativas y cosechó su propio éxito a punta de esfuerzo, perseverancia y, por qué no, entereza.


“Creo que siempre fui muy trabajadora y activa”, dijo Torres en una entrevista con CENTRO Tampa en el local de Cakes Plus Tampa, ubicado en 804 Dale Mabry Highway. “No podía estar quieta, así que algo tenía que hacer cuando llegamos a Estados Unidos”.


Ahora, a sus 70 años, Torres puede decir con orgullo y satisfacción que superó las dificultades y pruebas de la vida. Sus mejores armas de acción: mucho trabajo y un olfato empresarial que fue afinando, acaso sin darse cuenta, mientras hacía sus tortas y dulces artesanales, y dictaba clases de repostería a un grupo muy reducido de vecinas, amigas y conocidas.


En el marco de las celebraciones por el Día de las Madres el mejor regalo de Torres será su legado en vida, es decir, el desarrollo y crecimiento de un negocio que, a escala local y nacional, ha ganado una reputación merecida en el mundo de la repostería.


En más de 30 años de trayectoria Torres y su negocio han recibido numerosos premios, honores y reconocimientos de asociaciones empresariales, revistas especializadas y grupos que destacan el aporte de los hispanos en el país de las oportunidades.


La lista incluye un premio como 'Mujer del Año 2011’ en la categoría Negocios que entrega el Comité de la Herencia Hispana, en Tampa. También fue elegida por la revista The Knot como la 'Mejor de las bodas’ por sus tortas matrimoniales y sus creaciones únicas en 2007, 2008 y 2009. Recientemente Torres ganó también uno de los tres reconocimientos 'Success Stories’ que todos los años entrega Prospera a los negocios y emprendedores de Tampa que son un referente de avanzada. El premio es además una manera de apreciar a quienes superan retos y se perfilan como ejemplos a seguir para otros innovadores y comerciantes locales.


Torres recibió la asesoría de Prospera, que en la práctica es un grupo de ayuda empresarial para medianos y pequeños comerciantes latinos con operaciones y estrategias de mercadeo en todo el estado de Florida. El entrenamiento en mercadeo, administración y capitalización de recursos que le dio Prospera apuntalaron las operaciones del negocio de Torres hasta mejorarlo sustancialmente sobre la base de sus operaciones e innovación de calidad.


El buen prestigio de Torres llegó coronado por sus variadas tortas de ocasión y dulces que llevan el ingenio y la creatividad de una mujer que nunca se dio por vencida.


Torres tiene muchas razones y buenos motivos para coronar una fecha puntual en el calendario y sentirse más que satisfecha al hacer un repaso a sus orígenes, logros y victorias personales.


En su natal Puerto Rico, estudió Nutrición y Dietética y obtuvo una licenciatura en Ciencias. Se enamoró muy joven y, sin pensarlo mucho, contrajo matrimonio hace 47 años. Las responsabilidades de su marido y una nueva oportunidad que recibió para administrar las operaciones farmacéuticas en un hospital de veteranos, motivaron un giro en la vida del matrimonio que decidió mudarse a Tampa.


Una nueva cultura y la necesidad de establecerse en un lugar del que no tenía en realidad muchas referencias, hicieron un poco difícil el proceso de adaptación para Torres, según explicó.


“Para mí fue un cambio bastante drástico porque no conocía el idioma y porque no teníamos muchos amigos. Pero gracias a Dios nos fue muy bien”, señaló una sonriente Torres al hacer un repaso de su vida y analizar -ahora en retrospectiva- esas primeras experiencias en Tampa.


“Han pasado 33 años de todo eso”, recordó Torres.


El dulce secreto de Torres para los negocios y el emprendimiento comenzaron, en realidad, en Puerto Rico. Allí, con dos hijos todavía pequeños, Torres dedicaba el poco tiempo libre que tenía para hacer bizcochos y otras delicadezas de la repostería. Los vendía a sus amigos y familiares más cercanos con éxito inusitado.


En Tampa, Torres quiso seguir la misma brújula que marcaban sus actividades en San Juan, pero se topó con los trámites de rigor que deben cumplirse, y seguir al pie de la letra, cuando alguien piensa establecer un negocio.
Torres recordó esos inicios como quien narra la escena de una novela, aunque sin hacer a un lado el buen sentido del humor.


“Quería hacerlo en el garaje de mi casa, como se hacía en Puerto Rico en esos años (risas), pero aquí no se puede”, dijo Torres. “Así que me encontré con un nuevo mundo porque aquí hay que pagar seguros, sacar licencias, rentar un lugar. Para mí todo eso era nuevo, pero lo hice. No me preguntes cómo, pero lo hice”, añadió Torres.


Su fórmula de acción fue, además de ingeniosa, bastante práctica. Torres había trabajado en Puerto Rico durante 11 años como supervisora educativa. Sumado a sus conocimientos de Nutrición y Dietética, Torres llegó a la conclusión de que podía hacer sus tortas con recetas y nuevas fórmulas que aprovechasen su manejo de nutrición y, al mismo tiempo, se dio cuenta de que podía dar clases de decoración en Tampa sobre la base de su experiencia y buena disposición por la enseñanza.


El plan tomó forma y Torres se entregó a la tarea de construir sus sueños y objetivos para hacer algo más con su vida. Después de convencerse de que no podía instalar el negocio en casa, Torres le dijo a su marido que buscaría un local para dictar sus clases de repostería y comenzar a hacer tortas. En sus primeros días de búsqueda, la suerte la acompañó cuando halló un pequeño local de 800 pies cuadrados al oeste de Tampa.
“Firmé el contrato de alquiler sin preguntarle a nadie”, recordó Torres. “Y simplemente me dije: vamos a ver qué pasa”.


El primer capítulo fue como muchos otros negocios que dan sus primeros pasos en el terreno, aunque con proyecciones de crecimiento. Torres empezó a dar sus clases, a decorar sus tortas y, de paso, a vender en ese primer local todo lo que se necesita para el arte de la repostería. En su primera clase de repostería Torres recibió a ochos personas. Luego a 12, después 20. La multiplicación tuvo un efecto inmediato.


“Así comenzó mi historia, solita. Porque mi esposo trabajaba todo el día y mis hijos estaban en la escuela”, comentó Torres.


En el camino, por supuesto, tuvo que ir aprendiendo las reglas de un país que le abrió las puertas a nuevas oportunidades.


“Cada vez que llegaba un inspector al local, me pedía un permiso que no conocía. Le pedía una semana para tramitarlo. Y realmente lo conseguía”, dijo Torres.


Haciendo un repaso al álbum familia, Torres también recordó que al principio no quería salir de su casa, en Carrollwood, por su escaso conocimiento del inglés.


“Me daba miedo hablar, podía leerlo, pero no era muy buena hablando en inglés”, dijo Torres. 'Pero creo fui perdiendo el miedo, a tal punto que terminé dando mis clases de repostería en inglés. Mis oraciones de ayuda fueron escuchadas”, puntualizó Torres.


En más de tres décadas de estar trabajando en el negocio de la repostería, y sus clases, Torres calcula que al menos 2,500 personas han tomado nota de sus lecciones y consejos para hacer tortas.


La familia también ha sido influenciada por su amor y dedicación por la repostería. Su esposo Mario, que se jubiló hace siete años, ayuda en la cocina. Y su hijo Mario X. Torres estudió profesionalmente el arte de la cocina y la repostería en ciudades como Tampa, Seattle y Nueva York, pese a que se perfilaba como un buen jugador de béisbol. Hoy en día es un pilar fundamental en el negocio.


En una entrevista con CENTRO Tampa el hijo de Torres dijo que el ejemplo de su madre ha sido, y es, una inspiración consistente.


“Es una guía para todos porque siempre está al detalle de todo lo que se hace”, sostuvo Mario X. “Es una madre muy dedicada. Como ella, no hay otra”.

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