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domingo, 18 agosto, 2019
Opiniones

Venezuela: Dos meses con Juan Guaidó

Desde apenas el 10 de enero de este año, un joven ingeniero surgido de las luchas estudiantiles, lidera una hoja de ruta para desalojar del poder a quienes en 20 años destruyeron económica y emocionalmente al que era el país más próspero del Latinoamérica.

Han transcurrido dos meses. Relativamente poco tiempo, con sólidos avances políticos y diplomáticos para desmantelar a todo un esquema delictivo trasnacional. Lastimosamente, en este mismo tránsito, la hiperinflación, la escasez y el dolor de los venezolanos ha tomado también un canal rápido e incontrolable.

Veinte años atrás, el germen de la contrapolítica que empezó a imponer Hugo Chávez contó con el apoyo de los grandes medios de masa. Lo convirtieron en un Mesías, en un Salvador. Hoy la energía de un cambio en Venezuela, al menos en lo interno, tiene solo representación en la informalidad y el poder de las redes sociales.

En su agonía el régimen se ha atrevido a mucho, menos a privar de libertad al presidente interino, quien camina por las calles, come en los mercados populares y realiza concentraciones, de miles, en las principales ciudades. Venezuela necesitaba de un liderazgo renovado, luego de muchos años con una oposición - a lo sumo – sospechosa.

A mi criterio, lo más importante de esta encrucijada, que apenas comienza, es que existe la comprensión que el futuro de Venezuela no dependerá de un nuevo Mesías, ni un superhéroe.

Es responsable, para la continuidad de ese gran proyecto llamado Reconstrucción, perfilar un consenso alrededor de la idea de que Guaidó no es un ser ungido con súper poderes.

Hugo Chávez, el caudillo, el vengador, la reencarnación de Bolívar, ascendió políticamente en sus primeros años de gobierno, con el soporte financiero de una moderna industria petrolera, ejemplo de gerencia mundial. Hoy solo quedan las cenizas. Guaidó, o a quien le corresponda asumir el gobierno de transición, solo recibirá hojalatas en todos los cuadrantes de la vida nacional.

Se debe reconocer que el joven líder, es un poderoso detonante unificador y articulador, con preparación académica, luchas políticas y conexión con las masas, que hace poco aplaudían al chavismo. Hay que comunicar sin descanso que la reconstrucción de esta tierra arrasada dependerá de un esfuerzo colectivo, paciencia y un camino que será muy amargo.

Parte del esfuerzo de la narcodictadura es que se generen expectativas faraónicas alrededor de Guaidó, hasta mitificarlo, para luego generar la desilusión y el cansancio. No sería nada difícil en una sociedad tan fracturada y pendular.

El norte de la Venezuela post chavista debe ser acabar con los ídolos en los altares, extirpar lo mágico y lo tamborero, para dar paso a la edificación de instituciones sin próceres. Entiendo que ya existe un plan colectivo, realista a mediano y largo plazo.

El peso del aislamiento

Los latigazos de la crisis son más estruendosos que las mentiras de Jorge Rodríguez, ministro de información del régimen, quien en estas últimas semanas escribió un capítulo aparte en la historia del cinismo, de la mitomanía calculada.

La narcodictadura de Nicolás Maduro, minuto a minuto, padece en sus entrañas criminales el peso del aislamiento y desconocimiento de más de 50 democracias occidentales. Es un punto de no retorno que ha maximizado, de manera exponencial, esa máquina destructiva que terminó siendo la revolución bolivariana. Para esa reducida cúpula, ganar tiempo, se traduce en causar más daño a los venezolanos.

Los cabecillas del régimen solo les queda buscar sus nuevas guaridas. Nunca más podrán resistir la mirada pública. Se saben despreciados por los venezolanos. Nunca más podrán tener vida social. Sus fortunas serán disfrutadas en la oscuridad, en el peor de los exilios.

Fernando Martínez es un periodista venezolano. Para comunicarse con el autor, escriba a: mfernando30@hotmail.com

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