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domingo, 21 enero, 2018
Opiniones

Fujimori, el indultado

Por Patricia Arbulú

Especial para CENTRO Tampa

Hablar entre peruanos, el tema de la condena y ahora absolución de Alberto Fujimori, expresidente del Perú, es enfrascarse en una conversación sin entendimiento que valga. Cada uno tiene una idea convencida de lo que fue este hombre para el país que me vio nacer.

Desperté a mi adolescencia con uno de los peores gobiernos de la historia republicana, según mi padre. Alan García era el presidente y el país era un caos total, la economía era insostenible y el terrorismo avanzaba a pasos agigantados. El joven García, en el cual pusieron muchos votantes sus esperanzas, había sucumbido ante su juventud y sus ansias de poder. La corrupción campeaba en todas las instituciones ante un pueblo desesperado con la inflación que nos devoraba.

Las esperanzas de muchos peruanos de aquella época estaban centradas en salir de nuestro terruño y hacernos de un futuro. Yo fui una de aquellas entre los muchos inmigrantes que se afincaron en diferentes ciudades del mundo. Alberto Fujimori asumió las riendas del Perú en Julio de 1990 y para septiembre ya mi destino estaba en las cálidas calles de Miami.

Todo lo que iba sucediendo en la tierra de los incas fui consumiéndolo de acuerdo con la información que llegaban en los pocos informativos que existían. El Internet era muy limitado y el beeper era la gran novedad. Decían que el Perú se había levantado de una destrucción económica, que el terrorismo había sido derrotado y se empezaba a destacar.

Aquel chinito, que en algún momento fue despreciado por su contrincante político, el escritor Mario Vargas Llosa, estaba realizando una labor que presidentes anteriores no habían podido hacer. Decían que era el hombre que estaba salvando al Perú y sus detractores que era un autoritario que abusaba de las instituciones democráticas para conservar el poder.

Mi retorno se dio para 1996, fui testigo del desenlace de la toma de la embajada de Japón que tanta prensa acaparó. Pero mi sorpresa no quedó allí, también quedé impresionada con el cambio que había experimentado el país, los negocios, las personas y la amplia popularidad de Fujimori. Me sentí orgullosa de este logro, las inversiones extranjeras habían logrado confiar en un país que hasta algunos años atrás era un riesgo.

Fujimori fue condenado posteriormente por actos de corrupción y violaciones a los derechos humanos. Hoy nuevamente vuelve a dividir al país, el chinito fue indultado por el actual presidente y hay gente en la calle protestando. Fue un perfecto regalo de navidad a sus seguidores y un baldazo de agua fría para quienes, tan solo unos días atrás, respaldaban la no vacancia de PPK, dicen sentirse traicionados.

Ante los destapes de corrupción, desde el gobierno de Alejandro Toledo, pienso que es lo mejor que pudo suceder. Alberto Fujimori pasará a la historia como el renovador del Perú. Un país que recibió en completo abandono financiero mundial y que supo cambiarlo. Alguien que eliminó al mortal terrorismo que hacía desangrar la patria y cambió la mentalidad del peruano con respecto a una libre competencia laboral.

Fujimori, de 79 años, venía cumpliendo una condena, que otros presidentes jamás tuvieron, si estos años en prisión sirvieron para saldar deudas, están más que servidos. Hoy es libre y tengo sentimientos encontrados. Siento admiración por la lucha de un hijo buscando la libertad de su padre. Siento pena por PPK que se haya valido de esto para no ser vacado. Rabia por ver a una juventud peruana el haber sido alimentada con el odio ante lo no vivido.

Dicen que la historia es la mejor versión de la verdad en nuestras vidas, pienso que es aquella misma la que absolverá o condenara a sus protagonistas. Fujimori, por el momento es libre, porque no decirlo, hay porque celebrar.

Arbulú es de origen peruano y vive en Los Ángeles. Actualmente es presentadora del programa ‘Entre nos’.

Para escribirle: Patriciaarbulu30@gmail.com

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