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viernes, 25 mayo, 2018
Opiniones

Cuba, ¿año cero?

Por Julio Aleaga Pesant

Especial para CENTRO Tampa

[ LA HABANA ]

Esta mujer que en la mañana lleva sus dos niños a la escuela va preocupada. Hoy les pudo dar desayuno a sus hijos, pero, ¿qué pasará mañana? En su primer discurso como heredero en 2007, Raúl Castro prometió un vaso de leche diario para cada niño y cada anciano cubano. Al cabo de once años y en su calidad de autócrata, no cumplió la promesa.

Ahora que el dictador cubano tutelará el poder que asume el nuevo presidente del Consejo de Estado y ministros, elegido por la Asamblea Nacional, nadie definió como Federica Mogherini, Alta Comisionada para la política exterior europea, el drama cubano. Democracia de partido único, dijo. El eufemismo encierra en sí, el problema del continuismo castro-comunista. Pues el hecho que no sea un Castro Ruz, el nuevo “presidente”, no niega la permanencia de las políticas que los caracterizaron.

No obstante, el elemento más importante de la sucesión Fidel- Raúl, fue la ruptura definitiva del mito del monolito político del partido comunista y el nuevo gobernante, llámese como se llame, tendrá que crear nuevos equilibrios, con tendencias que provocarán giros impensados tiempo atrás. Un ejemplo fue la presencia del gobierno en la VII Cumbre de las Américas, donde dejó en la estacada a su ahijado venezolano, repudiado por el foro. Un tiempo atrás se hubiera impuesto la solidaridad sobre el pragmatismo. Pero ahora es más importante, la relación con los norteamericanos y la entrada de inversiones.

En la isla se divisan diferentes grupos de poder, que al igual que la oposición, tienen muchas cosas en común, pero aun así no es clara su unidad a futuro. Estos grupos se definen por lealtades basadas en sus regiones de origen, y trabajo en común, más que ideología. Está por ejemplo el grupo “Mujeres de Pinar del Rio”, estable y negociador, encabezado por la ministro de la alimentación, María del Carmen Concepción. La poderosa colectividad de Cienfuegos, agresivo y generador de estrategias, capitaneado por la ingeniera Lázara López Acea, miembro del Buró Político y primera comunista en La Habana, y donde militan entre otros el Ministro de Salud y la primera secretaria de la juventud comunista. El reformista grupo de Villa Clara, encabezado por el tándem formado por el ingeniero Díaz Canel y el maestro Lázaro Expósito, que trabajan en equipo y con éxito desde finales de la década de los ochenta. Por último dos grupos que se funden en uno. El de los generales e históricos y el de Santiago de Cuba, donde está desde Raúl Castro, su hijo Alejandro, además de los Generales, hasta los burócratas del partido de esa provincia como el actual gobernador de La Habana, Reinaldo García Zapata. Esta camarilla tiene una característica, los históricos son euro descendientes, mientras los “nuevos políticos” son afrodescendientes.

Si se pone de acuerdo esta elite, y no estalla una guerra fratricida entre ellos, es seguro que intenten enmendar los errores estratégicos que cometieron Raúl Castro y su gobierno. Entre los que están, permitir una mayor liberalidad económica, que estimule a los empresarios independientes a no acudir a las múltiples formas de corrupción, como el desvío de recursos para obtener materias primas o equipos, que le permitan producir bienes o prestar servicios de forma rentable. También, liberalizar los mecanismos de importación y exportación, con las indispensables facilidades aduanales. Además de convertir las políticas impositivas en mecanismo que permita el desarrollo del país y no su freno. Subsanar el error más profundo de Castro en sus tímidas reformas. Su visión oportunista, que no oportuna, de ampliar el desarrollo de las pequeñas empresas, y las cooperativas no agropecuarias, sobre la base de despojar al estado de actividades no estratégicas. Usar elementos ajenos a su modelo como combustible para avanzar, generó contradicciones insalvables, pues la lógica de la libertad, la estabilidad y la justicia, es la que mueve al empresario empoderado. Al igual que elegir al ciudadano que proponga las leyes y defienda los intereses del sector empresarial.

Pero no solo es corregir los errores. El nuevo poder para legitimarse debe presentar una nueva estrategia de nación, con vela, timón y brújula. En esta visión, las libertades civiles deben tener un rol predominante, pues garantizaran las demás libertades a nivel constitucional, la política, la economía, la reinserción del exilio en su país de origen. Se incluye una nueva política exterior y una nueva de política de seguridad nacional, que incluya el desarme del ejército y la policía política. En esto la oposición debe prepararse, para la participación en los procesos electorales del 2020, para reforzar las tendencias aperturistas y cerrar el paso a las continuistas. Pues en una convocatoria a elecciones libres “mañana”, no podría demostrar su fuerza, por falta de organización.

Sea reformista o no el nuevo presidente, deberá enfrentar la muerte de su predecesor y porque no, al sistema que lo eligió. Su legitimidad nacerá entonces de otro arbitrio. Y quizás la misma mujer tendrá “mañana”, otro tipo de preocupación.

Julio Aleaga Pesant es un periodista disidente cubano y está disponible en aleagapesant@yahoo.es

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