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domingo, 18 agosto, 2019
COLUMNAS

El Apagón de los Cristales Rotos

 

En 1938 estalló en la Alemania Nazi una ola de saqueos y violencia en donde los negocios y vitrinas propiedad de judíos fueron destrozados, todo esto orquestado por el propagandista Joseph Goebbels. No fue espontaneidad social, fue la organización del terror que llevó al inicio del exterminio judío.

Han transcurrido 81 años y hay que hacer referencia a ese capítulo tan oscuro de la historia porque desde el jueves 7 de marzo Venezuela quedó a oscuras, un apagón general condujo al país a no menos de 72 horas sin electricidad. Información de los súbditos del dictador Nicolas Maduro justificaron la falla hablando de un “ciber-ataque”.

Transcurridos tres días, zonas como Caracas comenzaron a recibir electricidad de forma intermitente. Al oeste del país, el estado Zulia, petrolero por excelencia en los tiempos de bonanza venezolana y además el pionero en electricidad (Maracaibo la capital zuliana, fue la primera ciudad con electricidad en Venezuela en 1888 y la segunda en Sudamérica luego de Buenos Aires) no vio luz sino hasta pasadas las 90 horas de la oscurana nacional.

Si usted no conoce Maracaibo le informo que es una ciudad costera en donde la temperatura ronda los 90º F el 95 por ciento del año, cuando se pone más fresco llega a 80º F, el suministro de agua potable ya era deficiente en la Venezuela de los noventa. Viví más de 15 años de mi vida bañándome a baldados. Maracaibo es la ciudad más cercana a la frontera noroeste que colinda con Colombia, zona por donde entra contrabando. El narcotráfico y delincuencia organizada han reinado a su antojon en el área por lo que la escases de comida, gasolina y lo que a usted se le ocurra abunda debido a que todo se negocia en el mercado negro de la frontera con la venia de las “des”autoridades venezolanas.

El lunes 11 de marzo, cercanos ya a las 90 horas de apagón, la ira colectiva condujo a que se produjeran saqueos en diferentes zonas de Venezuela. Cientos de comercios vieron estampidas de personas que rompían cualquier puerta con tal de ingresar y llevarse lo que consiguiesen, con hambre, sed, desesperación, frustración frente a una situación de locura. 90 horas sin luz, sin agua, sin dinero para poder comprar lo poco que podía conseguirse ya que en Venezuela prácticamente no hay dinero en efectivo sino electrónico y ¿cómo se paga con tarjeta sino hay electricidad?

Muchos tienen hambre, unos cuantos más aprovechan la tragedia del pueblo como catapulta para afincarse en el poder. La historia de la Alemania Nazi se repite. Rabia que desencadena saqueos, principalmente en las zonas más populares. No es casualidad que esa misma rabia se dé en negocios apartados de las concentraciones populares, con grupos que llegan armados y en vehículos para realizar saqueos.

En dictadura nada es casualidad. Miles son los negocios que hoy están saqueados, destrozados y fracturados.

Mucha de la mercancía robada, en su mayoría seguramente hoy mismo se debe estar vendiendo en las esquinas de la ciudad y no a escondidas, sino en las más transitadas vías exigiendo como forma de pago dólares en efectivo y seguramente con el visto bueno de la policía local, a la final su jefe es un delincuente a carta cabal.

Los saqueadores violentaron licorerías. Alguien me dijo: “pero si el licor no es comida”; a lo que le respondí que todo pirata necesita licor para celebrar la obtención de su botín.

Un gran amigo y su familia vieron en la Zona Industrial de Maracaibo como rompían los portones e ingresaban furias enardecidas capaces de llevarse por delante lo que fuera con tal de agarrar algo ajeno. El galpón de esos seres queridos en su momento fue una bodega que almacenaba productos de alimentación porque acumulan más de 40 años en el mercado venezolano trabajando y aunque prácticamente no había nada que llevarse porque no hay ni que vender, esa imagen, ese momento tan terrible que significa ver tu propiedad violada, destruida, sin razón alguna, frente a hordas que te tildan de “vende patria”, “contrarevolucionario” y sepa usted cuantos epítetos más, son heridas que nunca se curan.

Este es simplemente uno más de los capítulos “hechos en revolución”, siempre con la premisa del caos, destrucción, muerte, tragedia y sufrimiento. Es la única forma que tienen de escalar en el poder. Recordemos que Hugo Chávez, el gran padre de todo este desastre, se dio a conocer por un golpe de estado fallido el 4 de febrero de 1992 en donde cientos de civiles y militares perdieron la vida guiados por uno de los seres más mefistofélicos que han pisado esta tierra.

El Apagón de los Cristales Rotos quedará registrado en la historia como el momento de máxima oscuridad para Venezuela y tal como reza en la ciencia “el momento más oscuro de la noche es exactamente antes de que comience el amanecer”.

Carlos Bohorquez es un periodista venezolano que vive en Tampa. Para escribirle: idiomadeporte@gmail.com

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