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Ayudando a reclusas por el camino de la fe

Published: April 13, 2018 Updated: April 16, 2018 at 07:20 AM
Las voluntarias de Hope Rising se abrazan momentos antes de entrar a la Institución Correccional de Hernando. Foto: Cortesía

Euda L. Toural


Especial para CENTRO Tampa


TAMPA-- Antonia Batista está convencida que la fe verdadera y el amor al prójimo pueden cambiar vidas. Por eso se unió hace dos años a Hope Rising, un grupo de mujeres que pertenecen a Grace Family Church e intentan llevar esperanza a las reclusas de la prisión del condado de Hernando.


Batista nació en Puerto Rico y se crio en Nueva York. Decidió seguir los pasos de Chrissy Marie Mayer, quien hace dos años emprendió esta labor a la cual ya se han unido 40 mujeres y entre ellas siete hispanas.


“Esta prisión fue escogida porque es una prisión de fe, allí se permiten a las prisioneras practicar sus religiones. Se escogen a las que tienen mejor conducta para pertenecer a este programa donde se les brindan servicios de fe”, dijo Batista, de 50 años.


La instalación carcelaria se estableció a principios de la década de 1950 como Brooksville Road Prison, donde se alojaban prisioneros varones adultos con custodia cercana. Luego en abril de 2012, pasó a ser una prisión de mujeres bajo la supervisión de Hernando Correctional Institution según cita su sitio web.


“Cuando nos integramos al programa, luego de pasar un entrenamiento de seis meses y cumplir los requerimientos legales, nos pidieron que les diéramos clases a las reclusas, yo tuve que impartir una clase llamada ‘Impacto a las víctimas’. No soy maestra, pero era mi oportunidad de acercarme a ellas” dijo Batista.


La boricua, trabajadora del Tampa General Hospital desde hace 14 años, comenzó a asistir junto a sus compañeras los segundos y cuartos domingos de cada mes para dar las clases, hasta que se le permitió impartir un programa de la iglesia llamado Freedom, basado en un libro cristiano.


“Freedom es un programa donde compartimos con pequeños grupos, el mío es de 12 reclusas. Oramos juntas y luego empezamos a compartir conocimientos. A través de este programa hablamos acerca de la infancia de estas mujeres, de los motivos que las llevaron a escoger malas opciones de vida”, dijo Batista.


Según la voluntaria de Grace Family Church, la causa de que muchas de estas mujeres se encuentren en prisión es que no recibieron amor en su niñez.


“Algunas fueron abusadas y abandonadas, por eso muchas no saben cómo ser productivos seres humanos. Freedom les enseña cómo romper con ese pasado, tratamos de llevarlas de la mano por ese camino de dolor y mostrarles cómo salir de él”, dijo Batista, cuyo principal motivo para entrar en el grupo proviene de su propia historia de vida.


“Crecí con esos problemas. Fui abandonada y sufrí abuso sexual también, yo sé por todo lo que ellas están pasando. Comencé en las drogas a los nueve años junto a mis hermanas, porque eso fue lo que vimos en nuestra casa”, dijo Batista, quien casi pierde a sus hijos y su esposo por causa de las drogas porque sentía que su vida no tenía un propósito.


“Un día alguien se me acercó y me llevó a la iglesia y ahí comencé a sentir el amor de Dios. Mi familia y mis compañeros de la iglesia me amaron tanto y nunca renunciaron a mí y eso me sanó”, afirmó Batista. “Hace 15 años que estoy limpia y recuperé a mi familia. Hoy mi esposo es un pastor de la iglesia por causa de mi adicción”.


Dos domingos al mes y un viernes donde se hacen actividades de esparcimiento, son suficientes para que estas mujeres ofrezcan su ayuda desinteresadamente. La intención, según Batista, es que las reclusas encuentren libertad dentro de la prisión, para que se liberen de su pasado y eso las convierta en seres humanos con un propósito.


“No estoy orgullosa de mi pasado, pero lo quiero compartir porque encontré la salvación y hoy quiero ayudar a que estas mujeres encuentren el camino igual que yo”, dijo Batista.


En dos años Hope Rising ha crecido considerablemente, las fundadoras del proyecto se encargan de guiar a las nuevas voluntarias por los caminos de la fe.


Cecilia Ayala, psicóloga mexicana de 52 años, también asiste a Grace Family Church en el campus de Van Dyke (la iglesia posee cinco campus en Tampa) allí conoció acerca del trabajo de Hope Rising y luego de esperar cinco meses recién tuvo su primera experiencia.


“Como Toni (Antonia) yo viví abuso con mis dos matrimonios y me quedó un temor al hombre terrible, al padre de mis hijas. Dios me ayudó a perdonar y cuando escuché de este grupo me dije, pues yo quiero dar también. Yo quiero compartir lo que he recibido, esa paz, esa libertad”, dijo Ayala.


Su primera experiencia fue fantástica porque para Ayala ver a las personas y hablar con ellas directamente tiene un efecto que calificó como ‘maravilloso’.


“En la prisión hay algunas latinas, mi primer día yo tenía que hablar con ellas y yo me decía, espero que hablen español, porque, aunque yo hablo inglés, comunicarnos en nuestro idioma no tiene comparación. Pues me tocó una coterránea de Monterrey y me sentí tan tranquila”, dijo Ayala con alivio.


“Ellas se ocupan de los aspectos técnicos, todas tienen diferentes trabajos para ayudarnos. Pero lo que más me llamó la atención fue ver lo felices que llegan estas mujeres al cuarto donde nos reunimos. Nunca las había visto pero las había imaginado muchas veces y fue más grande de lo que pensé”, agregó la mexicana.


Sin embargo, uno de los factores importantes a que se deben enfrentar las voluntarias es al riesgo de ser manipuladas por las prisioneras. Ayala y Batista nunca se vieron en esa situación, pero si están al tanto de los riesgos.


“Los entrenamientos consisten en preparar a las voluntarias para comunicarse de cerca con mujeres que están privadas de su libertad. Nos convertimos en su único vínculo con el mundo exterior y tenemos que estar preparadas ante situaciones en las que podrían usarnos como mensajeras en busca de contacto con las personas del exterior”, dijo Batista.


La experiencia de este grupo con las 60 prisioneras que atienden, ha traspasado los muros de la Institución Correccional de Hernando, pronto otras prisiones acogerán voluntarios que lleven la palabra de Dios a más reclusos, según dijeron las voluntarias a CENTRO Tampa.


“Hemos podido ver los cambios en estas mujeres, como experiencia ha sido reformadora. Trabajamos con una reclusa de 60 años que está presa por cargos de droga. Ella perdió un hijo. Su hija y sus nietos nunca la habían visitado en la prisión. Ella decía que iba a comenzar a tomar otra vez cuando saliera porque no tenía esperanzas”, dijo Batista.


Luego de unos meses participando en los grupos, contó la puertorriqueña, ellas comenzaron a notar un cambio en su estado de ánimo.


“Finalmente el pasado miércoles nos dijo que había restablecido relaciones con su hija y que le pidió que cuando saliera, fuera a vivir con ellos. Esas son las motivaciones que encontramos a cada paso. Ella está tan agradecida porque no nos dimos por vencidos con ella”, aseguró Batista. Eso me hace feliz porque yo no soy maestra todo lo que tengo es amor para dar y un propósito”.